Vive cada momento. Y si puedes, viaja

14741914505_c0d5ffd572_b

Finales de Julio. Mes 7 de 8.
No puedo creer que haya pasado tanto tiempo desde la última vez que escribí. Cinco meses nada menos desde que empecé a vivir fuera de España y a viajar sola por Europa. Dos meses decía entonces, en los que salía de mi semillita. Cinco meses que contar son más que un mundo, son mil universos que no sabría ni por dónde comenzar a diseccionar pero que se resumen en mil motivos para viajar que quiero compartir. Creo que fue por entonces cuando mis pies empezaron a arder y mi cabeza empezó a llevarme a todas partes. El pálpito del viajero, las ganas de viajar se confundieron con el sonido de muchos trenes, aviones y autobuses, haciendo que en un solo mes pasease por 5 países distintos. Conocí amigos de un montón más y el dejarme llevar por las casualidades me hizo pasar momentos mágicos que han marcado un antes y un después en mi vida.

Y de todo ello, de todas las experiencias de viaje, de todas las aventuras, la única conclusión que puedo seguir sacando es que, aunque suene cursi, “ve donde el corazón te guíe” (Gente de mi generación, acordaos de que ya nos lo decía la Abuela sauce). O sencillamente, que disfrutes de los pequeños momentos. Quizá alguno piense “Bueno claro, a mí me encantaría irme a la Conchinchina y aquí estoy, con mi hipoteca y mis familia”, pero no me refiero a soñar con cosas exóticas o lejanas, ni mucho menos. A veces basta simplemente con parar ese pensamiento de “qué haces, por qué te paras, venga sigue moviéndote aunque no tengas nada que hacer” mientras escuchas a un músico en la calle. Mandar a la mierda ese tipo de pensamientos que por cultura nuestro hemisferio izquierdo genera y decirle “Eh, calla y déjame escuchar. ¿Por qué irme si estoy disfrutando de algo?”. Cuando consigues desactivar ese tipo de conductas de la rutina cultural, del “debes X”,“tienes que Y”, “no hagas Z”, os prometo que sólo hay una cosa: auténtica paz. Estás absorto en ese momento por completo, ya sea viendo a unos niños jugar, a unos árboles moverse o contemplar el sitio y las personas que te rodean. Es tan simple y tan complejo como eso. Vive cada momento y simplemente no habrá otra cosa en tu cabeza. Estás ahí, tranquilo y relajado. Todo el mundo ha sentido eso alguna vez, pero creo que en muchos casos sólo nos lo permitimos por unos pocos segundos. A veces incluso, cuando vemos a alguien disfrutando de uno de esos momentos le tildamos de loco, porque ciertamente hay algo en ellos que nos inquieta, que nos asusta incluso, aunque no sepamos bien qué es. Quizá demasiada libertad. Quizá sea el hecho de que alguien pueda estar disfrutando de algo que normalmente nosotros vemos tan banal lo que nos asusta. La capacidad de ver algo inmenso en un momento tan absurdamente cotidiano o pequeño. Ahí está la gracia, el juego, el truco. En intentar verlo todo por primera vez, tan apasionadamente como huele su parque el perro que lleva 10 años paseándolo cada día.

El que abraza a una mujer es Adán.
La mujer es Eva.
Todo sucede por primera vez.
En el desierto vi la joven Esfinge, que acaban de labrar.
Nada hay tan antiguo bajo el sol.
Todo sucede por primera vez, pero de un modo eterno.
El que lee mis palabras está inventándolas.

La dicha, Jorge Luis Borges

Lo mejor de jugar a esto de dejarte llevar no es sólo el goce de ese rato, si no que sin darte cuenta, te lleva a situaciones que de otra manera no habrías imaginado jamás y conoces a personas verdaderamente maravillosas. Con algunas puede que sólo compartas unos segundos o unas cervezas, pero a veces, hay otras que pueden llegar a convertirse en gente relevante en tu vida. Seguro que tienes alguna persona importante en tu vida que llegó de mil rebotes y que si no hubieses hecho X o Y, no hubiese pasado a tener tal relevancia.

Pero por otro lado, quiero aclarar que la lección para mí sí es también el “querer irse a la Conchinchina” o a donde se quiera. Soñar, ponerse metas, querer cosas, desear cada día ampliar nuestros horizontes de alguna manera; mientras vamos disfrutando de nuestros tesoros cotidianos sean cuales sean estemos donde estemos. Los límites, igual que la dicha, no están fuera, sino dentro. Y si consigues pasar cada día contemplando la belleza de tu cotidianidad, el resto de sueños grandes o pequeños, vendrán. Yo ya no tengo ninguna duda.

Hoy os dejo con fotos de Bruselas.

About author View all posts Author website

Lidia Chía

Las ganas de salir y vivir otras cosas me llevaron a vivir primero en París, luego a currar en Luxemburgo y acabo de volver de pasar unos meses en la bahía de San Francisco.
Soy diseñadora gráfica pero hago un poco de todo como puedes ver en mi portfolio: www.lidiachia.com. Aunque lo que más me ha divertido ha sido ser monitora de patinaje.
Siempre he mezclado churras con merinas, qué le voy a hacer.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *