Lieja


Cómo llegar

Lieja es una ciudad que suele pasar bastante desapercibida en los recorridos turísticos por Bélgica. En esta guía de un día en Lieja te enseño los varios secretos que no te puedes perder, como las escaleras más altas de Europa (probablemente) y una deliciosas albóndigas en una típica taberna rodeado de locales. Por no hablar de los auténticos gofres liégeois, aquellos que nosotros mejor conocemos en España.

Desde Bruselas puedes escoger en qué medio de transporte ir:

  •       En tren y coche es un pelín más de 1h de viaje. El tren sale por unos 14€ y tienes trenes cada hora, por lo que es muy cómodo.Podéis consultar horarios de tren a Lieja en la web oficial de la SNBC.
  • En autobús, según el buscador de trayectos Rome to Río se tarda casi 2h y sólo hay un bus al día, el 801 aunque es más económico (8-9€)-

Yo fui a Lieja desde Luxemburgo en tren, y se tarda unas 2 horas y tres cuartos. Desgraciada e incomprensiblemente no hay alta velocidad que conecte Bélgica con Luxemburgo, así que acomódate en sus butacas de hace 30 años y disfruta del paisaje. Pero no todo son pegas, ya que a los menores de 26 años nos cuesta 10€ el trayecto. Así, por un más que módico precio de 20€ te puedes plantar casi donde quieras.

Andén estación Luxemburgo

Sorprende la salida desde Luxemburgo porque el tren atraviesa todas las colinas y barrios bajos del centro, y dado que el puente forma parte de la vista de la ciudad como un monumento más, por unos segundos uno tiene la sensación de estar yendo sobre el acueducto de Segovia.

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Qué ver

 

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Estación de Lieja diseñada por Calatrava

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La llegada a la estación de Lieja – Guillemins también depara sorpresas. Ha sido reconstruida dos veces, la última diseñada por Calatrava. He de decir que, a pesar del cachondeo y risas que me he echado con sus chapuzas, esta es sencillamente impresionante. Una maravilla arquitectónica en toda regla y, a priori, perfectamente funcional y sin achaques.
Tiene una oficina de turismo de la que decidimos pasar por que había una cola inmensa, pero si te arden menos los pies, ahí recibirás toda la información que necesites.

Hay otras dos estaciones en las que podemos bajarnos que son más céntricas: Liége-Jonfosse y Gare de Liège-Palais, pero yo recomiendo esta para ir paseando por el río Mosa.

 

Boulette liegeois – Albóndiga de Lieja

Café Léquet. El sitio más típico para pedir las Boulettes

Para comer, os recomiendo sin duda probar las Boulettes liegeois en el Café Lequet, brindando con una cerveza del lugar como la Jupiter (muy suavecita, genial para los poco cerveceros como yo).

Es un sitio de los de toda la vida y el 100% de la docena de comensales estaban comiendo las Bulettes, así que no hay duda de que será por algo. El plato es tan sencillo como apetitoso: una albóndiga grande de carne espciada, con una salsa de chalotas y patatas fritas. Con una te quedas bien, pero si vas con hambre, pide la oferta de dos, o el mousse de chocolate que tan buena pinta tenía. La decoración del sitio puede clasificarse de dos maneras: típica, clásica, ecléctica, con sus espejos antiguos llenos de recortes de periódico hablando de su fama, una colección de polvo enterrando otra de bolas de nieve, la pintura del techo desconchada… O bien: cutre, viejo, descuidado y lo que a todas luces en España sería un bar de los que aún tienen a Naranjito encima de una tele Grundig. Pero el caso es que a mí me encantó. ¿Hipocresía viajera? Quién sabe. Para mí era parte del encanto igual que lo es, al fin y al cabo, la cutrez del bar de Pepe de toda la vida.

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Prácticamente al lado está el antiguo edificio de Correos, tapiado y, parece, a punto de reformarse. Ojalá sea así porque por su fachada tienen escudos de todos los cantones y santos ataviados con ropas típicas.

El centro no tiene demasiado y no esperéis de Lieja una ciudad preciosa, aunque sí curiosa. En la Place du Marché se encuentra uno de los símbolos de la libertad liejense, el Perron, pero además un Media Markt, un Decathlon y una Fnac, todos ellos comercios que en Luxemburgo no hay y que me harán volver de compras seguramente. (Sí, repito, NO-HAY en Luxemburgo).

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Muy cerca está la oficina de turismo del centro y justo en frente un mesón y una tienda de productos españoles a los que entramos por curiosidad. Sus propietarios llevan viviendo allí 50 años y son encantadores. Podrás encontrar a muy buen precio todo tipo de conservas y embutidos. Estuvimos charlando un rato sobre la emigración y cómo están las cosas en uno y otro lado. Y fue algo triste oir que a pesar de todo, el hecho de que no seas belga sigue siendo a ojos de muchos algo por lo que tratarte diferente en el entorno laboral.

Museo Grand Curtius

Cerca de allí está el Museo Grand Curtius de estilo renacentista Mosan, con una gran colección arqueológica y en el que nos tomamos un auténtico gofre de Lieja. Los españoles no notaréis gran diferencia con los que tenemos allí, pero hago un mini-inciso para explicar que hay dos tipos: estos y los de Bruselas, que son más alargados, menos dulces y más “galletosos”.

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Al otro lado del río está el acuario, que me han recomendado por triplicado y al que no fuimos. Nos llamó la atención que estaba en un edificio clásico del que jamás podría imaginarse que albergue un acuario. Mi yo escéptico se imaginaba acuarios de toneladas hundiéndose sobre suelos de madera de más de un siglo y prefirió morir en otro momento 😛

Catedral de Lieja

La catedral está cubierta de roña negra (Qué doloh), una pena; aunque todo un lienzo para mi creatividad publicitaria: dan ganas de ponerse a rascar “Lávame, guarro” y patrocinar una marca de desengrasante. El interior es modesto, sencillo y bonito. Me llamaron la atención estos frescos de uno de los laterales.

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Pero para mí, lo que diferencia a Lieja es lo siguiente.
Que te hablen de “unas escaleras” desde las que ver unas vistas chulas de la ciudad y encontrarte esto:

Escaleras de Lieja

Nada menos que 406 escalones que te ponen el mundo del revés en cuanto giras la esquina. Pocas veces me ha sorprendido tanto encontrarme algo así en una ciudad, como si tal cosa. Según haces fotos abajo, vas oyendo cómo otros repiten exactamente las reacciones que has tenido tú hace 10 segundos.

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Las escaleras de Mont Bueren son, además, un gimnasio gratuito para algunos y la pesadilla de Rocky I. Mi consejo es no girarse hasta llegar hasta el último peldaño. Merecerá la pena 🙂

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Para terminar, un sitio muy especial por su decoración: El Pot au Lait, cerca de la catedral. Es sencillamente indescriptible. Cualquier psicodelia creativa que podáis imaginar puede tener cabida allí. Y lo curioso es que no es agobiante ni estresante, y si lo es, nada como probar las cervezas belgas para hacerse al lugar.

El famoso bar Pot au Lait

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Si tenéis ocasión, merece la pena que entréis a la estación de Guillemins de nuevo cuando caiga la noche. No os arrepentiréis y además por el camino encontraréis mil restaurantes en la Rue Paradis.

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Gracias infinitas por las recomendaciones a esa gente de mi equipo de hockey, especialmente a Ana, La Cachorra, a la que envío mil besos a Texas!

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Lidia Chía

Las ganas de salir y vivir otras cosas me llevaron a vivir primero en París, luego a currar en Luxemburgo y acabo de volver de pasar unos meses en la bahía de San Francisco.
Soy diseñadora gráfica pero hago un poco de todo como puedes ver en mi portfolio: www.lidiachia.com. Aunque lo que más me ha divertido ha sido ser monitora de patinaje.
Siempre he mezclado churras con merinas, qué le voy a hacer.

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